Albert Villalobos i Guiral – CTO Plug:Chain
El proyecto que Impulso Solar está desarrollando con Plug:Chain en Cabo Verde retoma una pregunta clásica del sector renovable —qué hacer con la energía que se desperdicia— y la responde con un nuevo conjunto de herramientas.
Existe una realidad poco discutida, pero bien conocida por cualquier operador renovable: la producción real y la energía efectivamente vendida nunca coinciden del todo. Hay horas —a veces días enteros— en los que una planta genera más de lo que la red puede absorber, o en los que el precio de mercado no cubre ni siquiera el coste marginal de la instalación. La industria lo llama excedente, y es, silenciosamente, uno de los desafíos más relevantes de la transición energética.

Proyecto de minería de Bitcoin alimentado con excedentes de una planta solar en Cabo Verde, Impulso Solar junto a Plug:Chain
Lo que propone Plug:Chain, en esencia, es convertir ese excedente en flujo de caja. Fundada en 2022 por un equipo con experiencia combinada en startups de software y el sector energético, la compañía parte de una hipótesis relativamente simple: los excedentes no son un problema de infraestructura, sino de asignación, y como tal pueden resolverse con software. La asignación concreta que han adoptado —tras varios meses de iteración inicial explorando alternativas— es redirigir la electricidad excedentaria hacia una carga industrial flexible y controlable en remoto: la minería de Bitcoin.
Un breve paréntesis sobre qué es realmente la minería de Bitcoin, ya que la expresión tiene un cierto halo de misterio que oculta una actividad que, en realidad, es bastante concreta. La red Bitcoin funciona sin una autoridad central —ni un banco, ni una cámara de compensación— y, aun así, necesita un mecanismo para validar las transacciones y mantener la integridad de su libro contable. Para lograrlo, utiliza una competición a escala mundial. Ordenadores especializados, conocidos como mineros, compiten para resolver un problema criptográfico; la máquina que lo resuelve primero obtiene el derecho a confirmar el siguiente bloque de transacciones y recibe, a cambio, una recompensa fija en bitcoin. El problema no tiene atajos: la única forma de resolverlo es probando miles de millones de combinaciones por segundo hasta que una funcione. Ahí es donde se consume la electricidad: en un proceso de prueba y error computacional puro, una ronda tras otra.
Cada uno de esos intentos se denomina hash, y el rendimiento de un minero se mide en hashes por segundo: cientos de billones por segundo en una unidad industrial moderna (de ahí el término terahashes, abreviado TH/s). Hay un detalle técnico derivado de esto que resulta especialmente importante para el diseño de Plug:Chain. Cada intento es autónomo e independiente del anterior: un minero que se apaga a mitad de una operación no pierde nada, porque no hay nada que perder. Cada vez que vuelve a encenderse, simplemente inicia una nueva secuencia de intentos. Esta propiedad, que no siempre se valora en toda su dimensión, es lo que hace que la minería sea compatible con un suministro energético intermitente.
La minería no es la única carga computacional intensiva que, en teoría, podría absorber este tipo de energía. El entrenamiento e inferencia de modelos de inteligencia artificial, la simulación científica de alto rendimiento, el renderizado 3D para efectos visuales o ingeniería… todos consumen cantidades significativas de electricidad y se beneficiarían de disponer de excedentes energéticos baratos. Sin embargo, comparten una limitación que los descarta para este caso de uso concreto: necesitan una disponibilidad continua y predecible. El entrenamiento de un modelo puede prolongarse durante días; interrumpirlo a mitad del proceso implica costes reales en forma de pérdida de progreso, sobrecarga por el almacenamiento de puntos de control (checkpointing) y problemas de planificación. El renderizado de una secuencia cinematográfica o la ejecución de una simulación climática responden a la misma lógica: la tarea constituye una unidad de trabajo que no tolera ciclos arbitrarios de encendido y apagado, y la generación renovable intermitente no puede ofrecer la disponibilidad continua que estas cargas requieren. La minería, en cambio, trabaja sobre una unidad de trabajo tan breve y tan independiente que detenerla y reanudarla no tiene coste alguno. Esa es la clave para combinarla con excedentes solares: la carga puede adaptarse a la generación sin ninguna penalización. Probablemente esa sea también la razón por la que, entre todos los posibles usos industriales de los excedentes de energía renovable, este haya sido el primero en encontrar un mercado comercial.
El proyecto con Impulso comenzó, de hecho, como una relación convencional entre cliente y proveedor. Plug:Chain buscaba su primer despliegue industrial, e Impulso operaba activos capaces de albergarlo. A medida que el análisis fue profundizando —las curvas de excedentes de cada emplazamiento candidato, las condiciones eléctricas y la viabilidad logística— quedó claro que la oportunidad era lo suficientemente importante como para dar un paso más. Impulso pasó a incorporarse como socio operativo, gestor e inversor del proyecto, junto con los demás accionistas de Plug:Chain. La planta de Cabo Verde constituye el primer despliegue industrial del producto.
Cómo una idea como esta se convierte en realidad

Proyecto de minería de Bitcoin en Cabo Verde con energía excedente de plantas solares. Proyecto de Impulso Solar junto a Plug:Chain
Poner en marcha una instalación de este tipo no es fruto de la improvisación. La parte menos visible —y probablemente la más delicada— es todo lo que ocurre antes de que cualquier equipo llegue a la isla de Sal. Existe una fase inicial de análisis de las curvas de excedentes de varias plantas candidatas, con el fin de determinar cuánta energía está disponible, en qué franjas horarias y con qué regularidad estacional. A partir de ahí se selecciona el emplazamiento que mejor combina volumen de excedentes, condiciones eléctricas, clima y viabilidad logística. Cabo Verde reunía una combinación poco habitual de factores favorables, aunque también presenta un entorno exigente: la instalación ha tenido que diseñarse para soportar la presencia constante de polvo y los elevados niveles de corrosión salina característicos de las costas atlánticas.
Una vez elegido el emplazamiento comienza el dimensionamiento del hardware —cuántos mineros instalar, qué arquitectura de refrigeración emplear y cómo integrarlos eléctricamente— y, en paralelo, la construcción del modelo financiero. En este caso no basta con proyectar los ingresos a partir del precio del bitcoin y del coste de la electricidad. Plug:Chain trabaja además con dos variables adicionales que suelen recibir menos atención en los análisis más superficiales del sector.
La primera es la eficiencia energética, que mide cuánta electricidad consume un minero por cada billón de intentos criptográficos que realiza y se expresa en julios por terahash (J/TH). Cuanto menor es este valor, más bitcoin produce una máquina por cada kilovatio-hora consumido, por lo que las especificaciones de cada unidad tienen consecuencias directas y duraderas sobre todos los escenarios contemplados en el modelo.
La segunda es la curva de obsolescencia del hardware, determinada por dos mecanismos incorporados en el propio sistema Bitcoin. El primero es la dificultad de la red: el protocolo incrementa automáticamente la dificultad del problema criptográfico a medida que más mineros se incorporan a la red mundial, de forma que un nuevo bloque de transacciones siga generándose aproximadamente cada diez minutos, independientemente de la potencia computacional total que compita. Como consecuencia, una misma máquina genera menos ingresos con el paso del tiempo, no porque se deteriore, sino porque aumenta la competencia a su alrededor. El segundo mecanismo es el halving, un evento previsto en el protocolo de Bitcoin mediante el cual, aproximadamente cada cuatro años, la recompensa por resolver cada bloque se reduce a la mitad. El último tuvo lugar en 2024 y el siguiente está previsto para 2028. En términos prácticos, cada halving reduce de la noche a la mañana a la mitad los ingresos generados por un mismo equipo. Modelizar estas dos dinámicas permite al equipo calcular la ventana de operación rentable de cada unidad y planificar con suficiente antelación su sustitución.
Qué ocurre cuando la planta está en funcionamiento
El componente donde se concentra buena parte del valor técnico del proyecto no es visible a simple vista: se trata del sistema de control desarrollado por Plug:Chain, que opera de forma continua sobre toda la instalación. Los mineros no funcionan de manera constante ni dentro de horarios preprogramados; se encienden y apagan dinámicamente en función del excedente energético disponible en cada momento. El algoritmo que toma esas decisiones se alimenta de un flujo muy denso de telemetría que incluye, en tiempo real, la generación y el excedente de la planta, los parámetros eléctricos del suministro (tensión y frecuencia), la potencia consumida por cada rack y por cada minero individual, así como el rendimiento computacional de cada máquina (el hashrate, es decir, el número de hashes por segundo que está produciendo), así como del estado del circuito de refrigeración, incluyendo la temperatura y el caudal del agua.

Contenedor marítimo de 40 pies donde se articula la instalación para el proyecto de Plug:Chain e Impulso Solar
La instalación se estructura en torno a un contenedor marítimo certificado de 40 pies, adaptado para funcionar como un centro de datos modular, equipado con iluminación, ventilación, múltiples circuitos eléctricos y sistemas de maniobra y protección. En su interior, dos racks especializados (modelo H200-S-Rack) alojan mineros refrigerados por agua de última generación —de la familia S21/S19 Hydro de Bitmain— con una potencia máxima de consumo eléctrico de 226 kW por rack.
La refrigeración está diseñada como un sistema de dos etapas. En el interior del contenedor, dos unidades denominadas CDU (Cooling Distribution Units o unidades de distribución de refrigeración) impulsan agua directamente a través de cada minero y recogen el agua caliente de retorno, controlando en tiempo real la presión, la temperatura y el caudal. Posteriormente, esa agua caliente se envía al exterior del contenedor hacia dos grandes dry coolers —esencialmente, radiadores industriales— donde el calor se disipa al aire ambiente.
Tres unidades industriales de aire acondicionado mantienen el interior del contenedor dentro del rango de temperatura de funcionamiento. El suministro eléctrico llega mediante una conexión industrial trifásica, del mismo tipo que se utiliza en fábricas y centros de datos convencionales. El equipamiento fue fabricado en Shenzhen —el principal centro mundial de producción de hardware para minería— y transportado por vía marítima hasta Cabo Verde.

Un proyecto con los pies en la tierra

Parte de la instalación de equipos para el desarrollo de minería sobre energía excedente en Cabo Verde
El negocio de la minería está expuesto a la volatilidad del precio de Bitcoin —un hecho que ningún análisis serio puede ocultar—. Sin embargo, la tesis del proyecto no consiste en especular con el precio, sino en aprovechar energía que de otro modo se desperdiciaría, con una estructura de costes acotada y una gestión técnica continua que mantiene cada unidad en su punto óptimo.
En un sector con operadores de todo tipo, este enfoque muestra su diferencia especialmente en los ciclos bajistas del mercado: cuando los márgenes se comprimen, sobreviven quienes han construido bien los fundamentos.
Para Impulso, participar en un proyecto así va más allá del retorno financiero. Permite situarse cerca de la digitalización de los activos energéticos, de la monetización de capacidades residuales y de la creciente convergencia entre software y energía. Una perspectiva poco habitual sobre hacia dónde evoluciona el sector.
Y esa es, en el fondo, una de las razones por las que a veces merece la pena entrar en proyectos que se sitúan ligeramente fuera del camino principal.
Conoce más sobre Impulso Solar
Conoce más sobre Plug:Chain
Conoce otros proyectos del Grupo Impulso
